Cuaderno de bitácora parte 5. Los horarios… o no!!

Cuando estés a punto de darte por vencido, recuerda… ¡Todo esfuerzo da su fruto!

Anónimo

Y ahí estaba yo, como ya dije no llegué diez minutos antes, solamente nueve, para marcar territorio desde el principio… y la jefa de estudios me hizo esperar veinte minutos sentada en una silla, si es una no puede ser mala, jajaja. Y ahí estaba yo en un pasillo en lo más alto de la más alta torre, porque para sorpresa para mí, ¡¡¡aún quedaba otro piso más arriba!!!

Por mi cabeza pasaban millones de situaciones, desde vas a dar clases en suajili, los alumnos terminarán todas las frases con “ósea te lo juro por mi reloj de Cartier” hasta enseñar hacer cocina con estupefacientes, por delante de mí no podían haber pasado alumnos con características más dispares entre ellas. Esto iba a ser de manicomio, y no sabia si yo iba a ser la paciente o la doctora…

Y mientras que seguía con mi gran imaginación llego Raquel algo seria y me dijo un vamos algo seco, todo sea dicho. Y empezó a caminar en modo Terminator hacia un despacho y yo detrás de ella por un pasillo sin luz, rezando a todos los santos y esperando a que cuando llegara detrás de ella no me dijera “Sayonara baby” y me pegara un tiro….

Con suerte para mi no me dio ningún tiro, pero me dijo un medio “sayonara baby”, no había suficientes alumnos y no iba a dar clases en los ciclos formativos… mi mundo se vino abajo tres meses de nervios y se había quedado en un adiós…

Por suerte, Raquel me ofreció unos cursos de certificados propios de la escuela para aficionados de quince horas semanales que empezaban en octubre y que podría prepararme en dos semanas, no todo eran malas noticias. Mientras me lo decía yo seguía impertérrita, a lo Chuck Norris, sin alteración alguna de mis emociones. Recogí toda la información y me despedí con un sincero y amigable hasta pronto, bajando rápidamente las terribles escaleras mientras notaba que iba entrando en un agujero negro de destrucción y turbación de mis emociones para pasar de ser un fuerte Chuck Norris a una desgraciada y floja damisela en apuros llorando cual magdalena sin consuelo alguno.

Fui llorando a moco tendido desde la puerta de la escuela hasta el parking donde había aparcado el coche y en el camino me encontré con una persona de sospechosas intenciones que deseaba aprovechar mi estado de desconsuelo para la sustracción inadecuada de mis pertenencias, y como si de un dibujo animado se tratase, mi personaje de damisela en apuros se convirtió en el increíble Hulk, escupiendo espuma y diferentes palabras mal sonantes, donde dejaba a muy bajo nivel a familiares, amigos, mascotas, etc del susodicho, el cual, me hace pensar que no esperaba mi reacción y salió corriendo como alma que lleva el diablo, no entiendo muy bien porque… la gente es muy susceptible. 

Hay quien llama a este concepto bipolaridad… en su momento yo lo hubiera catalogado así, siete años después de pasar por esta escuela tendría un nombre totalmente diferente.

Tuve dos semanas de preparación de recetas que no conocía, entre lloros y alegrías por tener trabajo, pero no el que yo quería. Era un mar de lagrimas entre un jubilo de alegría por el trabajo…. Y aún no había empezado a trabajo en la escuela, y mi locura iba en aumento.

Cuatro días antes de la clase le pase el pedido de los ingredientes a la jefa de estudios, y dos horas antes de la clase, me mando un mensaje y me dijo que me había comprado los ingredientes para hacer: gazpacho andaluz, ajo blanco.

Todo eso para trabajarlo con quince alumnos durante una clase de 4 horas seguidas en cocina y donde ellos tenían que cocinar. Tritirtirtriitritirtirt

Lo primero que vino a la cabeza fue la película de Viven…. ¿un alumno menos se notaría? Si lo cocinamos con sal, aceite y unos ajicos…. será fetén.  Después dije ¿Cuánto tiempo puedo estar hablando sobre un tomate, antes de que me lo tiren a la cabeza? ¿y si les hago triturar las almendras con un tenedor? ¿Y si me disfrazo de andaluza y aprendemos a bailar sevillanas?

Pues nada, ahí llegué yo toda valiente a mi clase y antes de entrar tuve el gran placer de conocer a los que iban a ser mis dos compañeros de cocina en mi aventura que acababa de empezar Un Vasco y un Francés…. esto daría para muchos capítulos, pero en ese momento no lo sabía.

Comencé la clase y mi compañero francés antes tuvo la delicadeza de  explicarme como funcionaban diferentes cosas de la cocina donde iba a dar el curso, no sabia si me estaba explicando el funcionamiento de la maquinaria y de las diferentes zonas de trabajo o me estaba enseñando la casa de los horrores.

  • Esto no lo uses porque si lo tocas da corriente y se apagan las luces de toda la cocina
  • Este fuego no lo enciendas porque pierde gas y se pueden incendiar la cocina
  • Ten cuidado al enchufar el horno porque tiene que meter la mano debajo del horno y se te puede caer encima sino está bien colocado en la base
  • Ahí tienes el cajón de los ajos, pero ábrelo despacio y míralo los ajos antes pero que no te vean los alumnos, aunque mejor sino usas ajo.
  • El montacargas se suele abrir de vez en cuando sin que nadie lo toque, dicen que hay un espíritu de una niña por la escuela.

Cada vez tenia más ganas de seguir trabajando en esta escuela….. ¿Por qué no me quede en el parque disfrazada de cavernícola? SNif SNif

Ya tenia a los alumnos en la clase, y por cotilla y desconfiada abrí el cajón de los ajos….ahí aprendí que al Francés había que hacerle caso en algunas cosas…. Los ajos se movían…. Tenían patitas rojas y hasta ahí pude ver porque jamás volví abrir ese cajón en mi vida.

Conseguí terminar las cuatro horas de clase sin morir en el intento, ya que los alumnos venían más a pasar el ratito y a conocer gente que a cocinar, y el curso empezaba a ser divertido, le estaba cogiendo el gustillo… esto empezaba a gustarme al final el cambio no había sido tan malo ¿no?

Pronto vendría la tormenta……

Continuará….

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Avatar de MARIOLA MARIOLA dice:

    Me tienes intrigada!!! Quiero más!

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