Cuaderno de Bitácora parte 13. Aquí va arder Troya.

Nuestro talón de Aquiles se sitúa en la cabeza

Eliécer Brenno

El trimestre estaba llegando a su fin, y por lo tanto se acercaban los exámenes finales del grupo de segundo de ciclo medio, eso significa dos cosas, la primera volvía a jugarme la vida con las catas de los exámenes, y la segunda me libraba de ellos, pues se iban ya de prácticas a los diferentes restaurantes. No podía dejar de bailar y saltar en un solo pie, mi vida iba a comenzar a ser feliz otra vez, mis instintos asesinos y pirómanos iban a dejar de existir, volvería a sonreír y ser una dulce y amable profesora de cocina con los alumnos que quedaban o que vinieran nuevos, porque inocente de mí, esperaba que serían mucho más tranquilos. 

Aunque aún me quedaba por terminar con mis queridos primeros alumnos y alumnos un par de semanas de exámenes que sería lo suficientemente intensa como para que ardiera Troya, los troyanos, e incluso comenzar antes las fallas, aunque fueran el primer año que no sentiríamos «el caloret» y los «gintonics» de la antigua alcaldesa. 

El día del examen teníamos un día muy movidito, nos habían traído una canal entera de cerdo para realizar su despiece, teníamos el restaurante con bastantes reservas, una de ellas el jefe con varios amigos  «gente de alto copete», y aparte la mitad de la clase que tenía el examen, la otra mitad se suponía que debían ayudar con las preparaciones del restaurante, pero llevaban varias semanas en huelga con el tema de cocinar de forma gratuita para el restaurante de la escuela y no iban a realizar ningún plato que saliera al restaurante por lo que el día se iba complicando por momentos, peroooo como ya sabéis no iba a quedarse así la cosa sería demasiado fácil y por supuesto los astros, el karma, la suerte o los malditos duendecillos que movían los hilos de mi día a día eran unos cachondos y hoy tenían ganas de darlo todo. 

Como los alumnos no iban a cocinar para el restaurante, les mande realizar elaboraciones para sus compañeros de primero para la comida que hacíamos para que comieran en el horario de la comida, y también para ellos mismos. Y mi compi de trabajo y yo nos encargaríamos de hacer las elaboraciones que saldrían al restaurante, mientras que los alumnos que tenían su examen individual iban realizando su propio plato.  Mi compañero francés antes de empezar con la faena del restaurante se puso con el cerdito para poder guardarlo antes de que pudiera estropearse, o que algún alumno más volviera hacerse fotos en posturas erótico- festivas con el cerdo,  con tan mala suerte que se clavo un cuchillo en un brazo y se hizo un corte que hizo que tuviera que salir corriendo a la mutua, aunque en realidad no pudo salir corriendo, ya que mi querida y maravillosa jefa lo tuvo más de dos horas esperando con un vendaje compresivo, buscando la documentación de donde estábamos asegurados, durante dos horas todos los compañeros pensábamos que tendríamos que llevarlo al matadero más cercano o hacer desaparecer su cuerpo,  o incluso recoger la sangre y hacer morcillas, por lo menos había que aprovecharse de todas las malas circunstancias. 

Al final mi compañero consiguió poder irse a la mutua sin perder el brazo en el intento pero eso no fue la solución a todo lo que a mi me venía encima. Me encontré con alumnos que no querían recoger la cocina porque se querían ir a su casa, alumnos que querían que probará sus exámenes, alumnos que al final se habían animado ayudar en el restaurante que después se habían arrepentido, por supuesto, no podían faltar más reservas de mesas de las ya preparadas y si ya le sumamos al camarero que venía hacer extras de vez en cuando, ya cerramos con broche de oro. 

Os pongo en antecedentes con mi amigable compañero. Era un chico cubano que parecía que se había metido en la boca diez polvorones a la vez, de las navidades anteriores, y que encima hablaba para el cuello de su camisa, por lo que en alguna ocasiones el comunicarse con él era más fácil hacerlo con una tabla de ouija, y siempre se enfadaba conmigo porque me hacía preguntas tales como éstas: 

  • ¿ kushdaneoufhka ñlsdahr ksd laidh,en  sldjanen  eh?

mi contestación, mientras que lo miraba cerrando los ojos cual chino sospechando a ver si apretando los oídos y concentrándome en los sonidos que expulsaba entre tropezón y tropezón de polvorón conseguía reconstruir alguna palabra de la frase le contestaba dubitativamente: 

  • ¿ehh si?

El me miraba super enfadado y ahí era el único momento cuando lo entendía y me decía: 

  • ¿siiii???? kjhgdasgeh lkjadiugashbe kjhasdahsdkjeu akjsdhaksdgha

A mí me había quedado muchísimo más claro todo y le decía super convencida de mi contestación y si dudar y sabiendo que no me iba hacer cambiar de opinión dijera lo que dijera, yo le contestaba: 

  • Pues no…

Y el tío se volvía a ir super enfadado al restaurante, yeee vete y cómprate un traductor o un logopeda, que humos tenía el tío, encima que había intentado comunicarme con él con la ouija y todo, aleee a zurrir no tenía yo frentes abiertos que me faltaba esto. 

Mientras tanto había hecho calentar a un alumno tres veces su plato para probarlo, y no hacían más que llegar mesas y mesas al restaurante y yo seguía sola haciendo el montaje de los platos, el parpado del ojo derecho estaba empezando a temblar de una manera espeluznante y en breve iba a salirse de la cuenca, pero todo estaba bien solo tenía a quince alumnos quejándose porque no podía probar sus platos, a otros quince en plan manifestante en plena plaza del ayuntamiento con pancartas de !!!NO NO, NO NOS MOVERÁN¡¡¡¡, el camarero vomitando palabras incomprensibles, los fogones a todo trapo, más y más clientes entrando, era muy difícil mantener la calma sin explotar y comenzar a repartir a diferentes lugares no muy cómodos a cada uno de los allí presentes. Al final todo estalló y mi paciencia se desbordó cuando uno de los alumnos que había decidido ayudarme se quedo encerrado en el ascensor junto con la paella que debíamos de sacar al comedor para los clientes. 

Ese momento marco un antes y un después, comencé a enviar a los alumnos a sitios dispares, incluso para que se divirtieran porque allí habían puesto columpios e incluso semáforos por si se encontraban todos allí a la vez no se chocarán entre sí.  Algunos les regale una zapatillas de ballet para que pudieran ir hasta de puntillitas a ese lugar tan maravilloso. Supongo que algunos ya sabréis de que sitio estoy hablando, pero para quien no lo sepa simplemente os diré que los mande a un sitio que empezaba por «mier» y terminaba por «da»….. y me quedé más a gusto que un arbusto. 

Con los alumnos que estaban de examen les dije, aprobado general tenéis todos un notable y aquí no ha pasado nada, ayudarme a sacar los platos a restaurante, recogemos cocina y os vais a vuestra casa, yo no digo nada, vosotros no sabéis nada y aquí tan amigos.  Las circunstancias lo requerían, los clientes se multiplicaban como garrapatas, los problemas, los gritos y las quejas crecían por momentos y mi cuerpo ya no aguantaba más trankimazines, era eso o salir con dos cuchillos en plan Kill Bill al restaurante y con la cara llena de kétchup simulando sangre gritar:

¡¡¡¡A la tonta muchacha caucásica le gusta jugar con espadas de samurái!!!

Seguramente la gente saldría corriendo y yo me libraría de seguir cocinando, los daños colaterales ya los mediríamos después, quieras o no ahora mismo no único que me interesaba era salir con vida de esa cocina y sin matar a ningún alumno, por suerte, mi compañero llego a tiempo, varios alumnos decidieron ayudar y pudimos sacar a tiempo todos los platos al restaurante y recoger la cocina sin morir en el intento, ni matar a nadie. 

Para terminar la tarde no podía ser de otra forma que volviendo a tener problemas, más y más gordos. Como mi compañero francés estaba de baja, tuve que cubrirle su clase de cocina española. Iba a comenzar mi clase con los alumnos del curso  con un cansancio extremo y con unas ganas de tumbarme en la cama y no levantarme en varios siglos, creo que hubieran podido momificarme y me hubiera dado igual, baje a la cámara a por los ingredientes y nos subimos a la cocina de arriba y mi compañero vasco estaba revisando la cámara para realizar pedidos para la próxima semana y dando clase con los alumnos de ciclo superior, iba a subir al despacho para coger unos papeles pero antes de subir al despacho paso por el vestuario que compartíamos con todas nuestras pertenencias: cartera, documentación, ropa, llaves de casa y coche, etc. para avisarme que tenía materia prima en las neveras de la cocina que podía usar, la puerta no tenía puesta el candado por lo que pensó que estaba dentro cambiándome de uniforme, a mi hacía 10 minutos me había pasado lo mismo pero pensaba que era el quien se estaba cambiando, le había pegado un grito desde la puerta y me había subido a dar la clase. 

En un momento comencé a oír ruidos, golpes, gritos, y a gente correr por los pasillos de la escuela, baje las escaleras rápidamente y oí como mi compañero le gritaba a alguien que soltará lo que llevaba en las manos y que se estuviera quieto que iba a llamar a la policía. 

Exactooooo el colofón de la tarde, nos había entrado en nuestro vestuario un yonki y había abierto nuestras mochilas y bolsos, tenía nuestras pertenencias en los brazos y se quería marchar de rositas por la puerta grande de la escuela, lo que no se esperaba era encontrarse con mi compañero en vasco que aunque era pequeñito y tenía menos carne que el tobillo de un periquito, sus genes vascos salían a relucir y te daba un guantazo y estabas dando vueltas tres semanas y media. Si solamente cuando te hablaba enfadado ya te daba la sensación que te había dado media paliza, pues imagínate si se ponía a darte con el brazo tonto, el yonki iba a salir de allí que no iba  a saber ni como se llamaba. 

Aún así logro salir corriendo y para mala suerte suya salieron a su encuentro los cuatro mastodontes que teníamos en la clase de superior que parecían armarios de dos puertas, que te pegaban una palmada cariñosamente en la espalda y familia de entierro, imaginaros y se ponía a darte algo más allá. 

Allí se armo la marimorena, la nacional, la local comenzaron a venir coches y más coches y solo podía pensar en una cosa: – ¿los nacionales se compran en uniforme una talla más pequeña apropósito? Esos culazos estaban fuera de lo normal, si, lo reconozco no acababan de atracar y yo solamente me podía fijar en los culazos de los agentes de la policía nacional, y en mi mente la frase que se repetía cual mantra era : ¡¡¡VIVA EL CUERPO!!!

Creo que hubiera quedado especialmente mal si le hubiera dado un abrazo al yonki y le hubiera dado las gracias, pero me di un ligero golpe en el hombro derecho con el puño en señal de compañerismo y agradecimiento. Me miro bastante raro pero bueno yo estaba super agradecida, solamente me faltaban los bomberos y ya hubiera sido la mejor tarde de mi vida.

Pensaréis que se me había ido la cabeza, y si el cansancio estaba haciendo mella en mi, yo siempre he estado totalmente cuerda y nunca he antepuesto mi responsabilidad a ningún maravilloso, estupendo y fantástico uniforme acoplado perfectamente a esos culazos, y a esos cuerpazos musculados que me hacían perder en sentido. 

En ese mismo momento que mi imaginación se estaba yendo por donde no debía me preguntaron algo de lo cual no me enteré y mi cara fue de : einggg repeat me, pleaseee, mientras mi baba caía y mis ojos seguían haciendo radiografías de cada unos de los agentes de la ley.  

  • Señorita: podría decirme que ha visto usted. 
  • Ainssss si yo te dijera todo lo que visto y lo que me gustaría ver…. tontorrón…. ( malos pensamientos.) La contestación real fue: yo estaba en el piso de arriba y no vi nada, señor agente, hubiera añadido un ¿ estas soltero? pero…..

Se llevaron al chico detenido y con lágrimas en los ojos me despedí de ellos. Los alumnos me abrazaron pensando que me había dado el bajón por el susto del atraco, pero mi pena era no haber conseguido el teléfono de alguno de los agentes, ya ni me acordaba que habían entrado a robarnos, por mi que entrarán todos los días si eso significaba tener a estos dioses de Olimpo cerca. 

Al final el día no acabo tan mal y no termino ardiendo Troya, aunque yo hubiera quemado algún que otro cartucho. 

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